Nombre

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Cuando aparece una novedad, es probable que se desencadene un sentimiento de atracción, y al mismo tiempo, un sentimiento de rechazo (Josep Burcet LLampayas, 2003), este suceso es fruto de lo que se percibe de esa novedad, y al mismo tiempo lo que destaca de esta.

Por un lado se desarrolla un nombre generado por la novedad del lugar. Ante esa situación en la que se empiezan a generar aceptaciones y rechazos hacia lo construido surgen nombres sociales, por ejemplo “la calle de las setas” en Alicante.

En el mundo del marketing también encontramos formas de llamar a un producto y que este se identifique a través de pautas como  la identificación respecto a los otros productos, la brevedad de su nombre, que su nombre sea apropiado para el tipo de empresa y mercado, que sea fácil de leer y agradable al mismo tiempo (Marty Neumeier, 2003:99).

Lo que diferenciaría a la vivienda de María Langarita de las marcas comerciales es su singularidad ya que no hay dos iguales, se tiene que conseguir un nombre de icono.

En el proceso de encontrar un nombre se van hilando estas dos ideas, por un lado se lo llama por lo que los ciudadanos verían de él,  como lo experimentan y a raíz de esas actividades, experiencias y/o vivencias  se conforma el nombre, siempre con la intención de crear un icono.

Se parte de diferentes etiquetas que describen  el proyecto, entre las cuales encontramos su localización (Gran Via, metro, Madrid, Callao), sus actividades tales como el café, la lectura o socializarse, o su temática del tiempo como moneda de pago. Estas son etiquetas que se plantean en el proyecto con la intención de que sean experimentadas por los usuarios.

A partir de estas etiquetas aparecieron otras etiquetas derivadas (café: cafetería, cafetera, cafeína…) siguiendo la metodología del brainstorming y aparecieron palabras sinónimas y/o asociadas a estas, generando una visión más abstracta del proyecto pero que lo resumían con más fuerza.

Es así como se llega al nombre  buscado: Interfaz. Se podría haber elegido otro nombre como café lectura o cafeómetro pero eran nombres demasiado precipitados o comerciales que no explicaban la verdadera esencia del proyecto.

Se eligió esta palabra porque con tres sílabas se hace referencia a la temática del proyecto.  Una interfaz es una zona de comunicación, una acción de un sistema sobre otro, un intervalo de tiempo. En la vivienda de María se proyectan espacios de relación entre usuarios, se captan las multitudes y se les da un servicio en el que la moneda de cambio es el tiempo; por tanto la relación entre la casa de María y el proyecto son evidentes.

 

Josep Burcet LLampayas, 2003. El Agujero Blanco. Ingeniería de intangibles

Marty Neumeier, 2003. The Brand Gap. Neutron LLC

Sin ánimo de lucro

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En un principio mi propuesta se entendía como una cafetería que compartía espacio con la vivienda de María Langarita. Se había planteado una temática en la que los clientes no pagaban por su consumición sino por el tiempo que permanecían en el establecimiento, siguiendo la metodología de las cafeterías Tsiferblat.

Como segundo plato se planteaba un servicio de lectura para los clientes consiguiendo así un bar en el que los clientes podían disfrutar de un café al mismo tiempo que se relajaban leyendo.

Estas dos ideas surgían de una primera idea inicial de cambiar los ritmos de la ciudad de Madrid (por encargo de mi cliente). Así bien, el proyecto tenía una función muy importante de ralentizar los flujos de gente y ordenarlas en el establecimiento, consiguiendo un orden dentro del caos.

 Se pretendía (y se pretende) crear una paradoja en el centro de la ciudad: donde todo el mundo se dirige de un lugar a otro de la ciudad a contrarreloj, desayunando estresados y esquivando las multitudes, aparece un lugar donde un grupo de personas degustan tranquilamente su ingesta diaria mientras leen con serenidad un par de capítulos de sus respectivas lecturas.

El proyecto tenía dos ramas importantes. Por un lado era conseguir ese orden dentro del caos y por otro era realizar un proyecto eficiente pero no a partir de la sostenibilidad sino a partir del “consumo” de la gente. A través de los clientes que asistiesen al bar se podría recaudar una cierta cantidad de dinero que haría de mi proyecto una propuesta autosuficiente.

Sin embargo si tenemos en cuenta que por tener un establecimiento en el que se ofrece un servicio y se cobra por este hay que pagar impuestos, mantenimiento y abastecimiento, la idea de que el proyecto sea autosuficiente pierde mucha fuerza.

Para tener un dato físico real investigué en foros de autónomos sobre cuánto le podría costar a María mantener su casa/cafetería en el centro de la capital del país. Esta búsqueda me condujo a una página (infoautónomos.com) en la que si se introducían los datos de partida me calculaba la parte que se destinaba a hacienda.

El cálculo se realizó para una persona con un sueldo bruto de 2000€ de los cuales aproximadamente 400€ iban destinados a hacienda. Esta cantidad me resultó muy alarmante. Si por crear el proyecto mi cliente iba a perder más de 400 euros mensuales  yo no podría dormir tranquilo.

Este fue el punto en el que me di cuenta que había que buscar la forma de que la pérdida se redujera lo máximo posible, pero que al mismo tiempo tanto el programa como los objetivos (eficiencia y orden) sigan estando presentes.

Recurrí a la ley y me informé en primer lugar sobre los impuestos en los boletines oficiales del estado (BOE) y apareció una nueva contradicción. Si se plantea una entidad sin fines lucrativos el dinero destinado a impuestos baja notablemente,  lo que suponía renunciar a conseguir dinero a través del proyecto.

Para empezar, si una entidad está enfocada con fines culturales tales como bibliotecas o teatros no pagan nada de I.V.A. (art. 20.14, ley 37/1992), como mi proyecto perseguía ese fin desde un principio solo me quedaba acondicionar lo para que cumpliera los requisitos planteados por el artículo 3 de la ley 49/2002 y así convertirse  en una entidad sin ánimo de lucro.

Este artículo establece que se persiga un fin de interés general, en este caso sería de carácter cultural, donde el 70 % de las ganancias obtenidas (ya sean a través de cuotas o servicios) irán destinadas al establecimiento, como por ejemplo al mantenimiento o los bienes. El cargo del propietario o fundador (en este caso María Langarita) será gratuito y debe entregarse  una memoria al ayuntamiento anualmente.

Con estos requisitos de por medio, el proyecto se transforma. Pasa de ser una cafetería en el que se ofrece un servicio a todo el público, a una asociación a la cual puede acceder cualquier persona que esté interesada y se asocie a esta.

Para que este proyecto tenga actividad y pueda triunfar se deben realizar acciones que nacen de los requisitos impuestos, acciones tales como conseguir una forma de abono rápida y sencilla, generar una difusión muy potente y provocar una satisfacción muy elevada en la gente para que se puedan obtener donaciones (propina), las cuales al no formar parte de la explotación de la actividad se trata de dinero que puede ir a parar directamente al propietario según el artículo 6 de la ley 49/2002, con lo cual aun así se consigue eficiencia.

Si estos requisitos se cumplen se estaría exento de pagar impuestos de sociedades (Art. 7 ley 49/2002), según el artículo 15 de la ley 49/2002 no se pagarían impuestos por bienes inmuebles, ni por actividad económica ni se pagaría un incremento  de valor del terreno de naturaleza urbana.

Por tanto se renuncia a conseguir dinero a través del proyecto pero la función que se planteaba (conseguir un orden, un cambio en la sociedad) puede permanecer.

Llegado a este punto empiezo a entender mi posición como arquitecto de una manera más clara. Como tal, le doy prioridad a la función, a los objetivos que se plantean en un proyecto, a la idea de este.

Plasmo una idea en el proyecto que intento potenciar desde sus usos utilizando estrategias de ubicación, de espacios y de formas. Por ejemplo a la hora de generar una forma (lo cual me obsesiona) busco la salida para que esta atienda directamente a su función. Soy consciente de que hay más factores que la delimitan (y también los analizo) pero no puedo seguir adelante en un proyecto si su forma no se relaciona con su función. Soy funcionalista.

 

BOE. http://www.boe.es/diario_boe/preguntas_frecuentes/boe_contenido.php

Infoautónomos, 2010-2014. http://www.infoautonomos.com/hazte-autonomo/alta-autonomo-obligaciones/bases-y-tipos-de-cotizacion-en-el-regimen-de-autonomos/

La vanguardia,  09/01/2014. “El café Tsiferblat cobra por minutos y no por consumición”. http://www.lavanguardia.com/ocio/20140109/54397930013/cafe-tsiferblat-cobra-minutos-consumicion.html

Aprovechamiento de la legalidad

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Este es un esquema en el que se plantea un recorrido dentro de un marco legal para conseguir que la vivienda de María Langarita tenga la menor pérdida de dinero posible.

El proyecto se había planteado como una cafetería que al mismo tiempo era la vivienda de mi cliente. Era una cafetería influenciada por las nuevas corrientes de bares Tsiferblat donde los clientes no pagan por lo que consumen, sino por el tiempo que permanecen en el establecimiento.

Como la casa es un bar, todas las ganancias de este iban destinadas para su dueño, es decir, María. Sin embargo por abrir un establecimiento con ánimos de lucro hay que pagar impuestos y precisamente no me interesaba que mi cliente estuviera pagando impuestos adicionales por su vivienda.

La idea principal del proyecto era la función de modificar los ritmos de la ciudad a través de un bar con la temática enunciada anteriormente donde la lectura también jugaba un papel primordial. Esa idea sigue en mente y es por eso que decidí convertir el bar en una entidad sin ánimos de lucro (no interesa tanto conseguir más dinero sino cumplir la función sin generar perdidas).

De esta manera, en el esquema se pueden apreciar las leyes que se tuvieron en cuenta para convertir este proyecto en una entidad sin ánimos de lucro a raíz de lo que debería costarle a María tener una cafetería en el centro de Madrid.

Moodboard 2

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Metropolis II, Chris Burden

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Tsaferblat Londres

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Estudio de música, Muse World Tour

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Librería “El Ateneo”, Ciudad autónoma de Buenos Aires, Argentina

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Café lectura lletraferit, Barcelona

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Cafetería zmianatematu, Lodz (Polonia)

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Starbucks coffee Boston

Prototip0

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Mi proyecto se basa en un espacio que mezcla dos posturas: un ámbito privado y un ámbito público. A partir de intenciones de cambiar el estado de la ciudad, sus constantes flujos de personas y su continua actividad me llevaron a hacer un “stop” en esta a través de un espacio con diferentes ambientes de descanso donde considero que, ante todo, el confort acústico es primordial.

La idea que tenía en mente sobre estos espacios revelaba unas cabinas con capacidad para albergar a una sola persona, donde la intimidad y la contaminación acústica eran mis mayores preocupaciones.

Un factor añadido eran mis obsesiones, había decidido hacer estas cabinas con una planta de sección circular, ya que iban acorde al proyecto. Por tanto me centré en encontrar sistemas de insonorización acústica que se puedan adaptar a esta forma.

La búsqueda de un material empezó por la búsqueda de referentes con experiencia personal en la obra que puedan ayudarme, a través de sus conocimientos, en dar con este material.

Es así como decidí hablar con mi tío. Él es arquitecto y tiene mucha experiencia en la obra. Le expliqué como quería el material que necesitaba y le hice especial hincapié en la necesidad de que se pueda doblar sin problemas para que así se adapte a la forma del tabique. Su primera recomendación fueron unas láminas de vinilo utilizadas en la insonorización en oficinas, se trataban de unas láminas de rápida colocación y que se podían moldear (Fonac) . Mi sensación fue que había dado con el producto que buscaba pero mis obsesiones de conseguir una rápida colocación y una superficie continua (sin juntas) eran mayores.

Me comentó que es una preocupación común en los arquitectos y me dio un dato más potente. Me comentó que en México hay una empresa (Comaudi) con especialización en el sonido (desde aparatos para la audición hasta materiales de confort acústico) en la que están comercializando una pasta que absorbe las ondas de sonido y evita su reverberación disipándola por la superficie.

A la vez que me ponía en contacto con mi tío decidí hablar con el profesor de sistemas constructivos avanzados Antonio Galiano, el cual yo consideraba que me podría aportar más información.

Me ayudó a encontrar una referencia muy importante, me comentó que en el departamento de física de la misma Universidad de Alicante, el profesor Jenaro Vera Guarinós está desarrollando programas que delimitan las capas que conforman un muro (con sus características). Con sus conocimientos sumado a la información de mi tío, y la que siga recibiendo, intentaré delimitar con certeza las modificaciones (si son necesarias) en este material (pasta aislante acústica) y poder optimizar su utilización.

 

Comaudi. https://www.kichink.com/buy/62704/comaudi/noise-off#.Um7ufnA2ap0

Fonac. http://sonoflex.com/fonac/fonac-barrier/

 

Fa

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Me dispongo a hacer un simple acorde en mi guitarra pero no puedo evitar detenerme por un segundo y reflexionar sobre lo que estoy haciendo, indago en mi conciencia y recuerdo la primera vez que había sostenido este instrumento y me dijeron lo que era un acorde. Entonces es el momento en el que me doy cuenta de la habilidad adquirida y como este “pasatiempo” se convirtió en un hábito.

Conseguí en mí interiorizar los movimientos y realizarlos de forma automática sin pensar como los hago. El problema surge cuando se intenta explicar, uno sabe que domina el instrumento pero lo difícil es hacer que lo dominen los demás.

Si quisiera explicar un acorde todo sería una gran absurda explicación sin antes colocarla en un marco teórico.

Como bien sabemos, cada profesión tiene su propio lenguaje, por ejemplo los arquitectos se expresan a través de los dibujos: con planos, secciones… Cada profesión tiene una forma de expresarse que le es útil para explicar y desarrollar lo que hace.

En el caso de los músicos, se expresan a través de partituras que se leen en pentagramas, que básicamente ordenan el tiempo, los compases y las notas en un mismo lugar. Pero además, tienen otro sistema, menos conocido que este, utilizado por guitarristas. Este sistema se llama tablatura y al igual que las partituras, organizan las notas pero carecen de tiempo y compas. Se trata de un sistema guía en el que hay que conocer previamente lo que se toca, o saber interpretar una partitura, por eso suele ir acompañado de ésta.

La tablatura es muy útil para personas que se están iniciando en instrumentos de cuerda tales como la guitarra o el bajo, y en este caso, es el sistema que me servirá para desarrollar mi explicación.

Como se dijo anteriormente, una tablatura sirve de guía y al igual que una partitura, está compuesta por líneas. Si bien la partitura está formada por un pentagrama (cinco líneas), la tablatura tiene seis (haciendo referencia a las seis cuerdas de una guitarra estándar). El orden de estas líneas equivale a cómo nosotros vemos la guitarra cuando la estamos tocando, donde la primera cuerda es la que está más alejada de nosotros y la sexta es la más próxima.

El sistema que sigue una tablatura es el de números dispuestos sobre las líneas donde cada número equivale a un traste. ¿Qué es un traste?, es cada una de las divisiones que generan unos resaltes en el mástil de la guitarra.

Cada número se dispone en una línea, entonces si encontramos el número tres sobre la quinta línea quiere decir que debemos tocar la quinta cuerda en el tercer traste. De la misma manera, si encontramos dos números, uno encima de otro debemos tocarlos a la vez.

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Explicación tablatura

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Ejemplo de tablatura

Una vez explicado qué es una tablatura, ya se puede entender mejor como se hace un acorde de una manera gráfica, la cual servirá para complementar mi descripción.

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Me dispongo a hacer un simple acorde en mi guitarra. Me siento en una silla y la tomo,  sujeto su mástil con mi mano izquierda al mismo tiempo que apoyo la curva de la caja sobre el cuádriceps de mi pierna derecha. Acto seguido la abrazo como si fuera una mujer y le doy cobijo sobre mi vientre.

Antes de hacer acordes, me aseguro que su sonido será el adecuado, por tanto compruebo que su afinación es correcta. Noto que la tercera cuerda suena medio tono desafinada, lo cual me lleva a calibrarla para que esté en armonía con las demás, modifico su tono ayudándome de los clavijeros, los retuerzo con mi mano izquierda mientras que con mi dedo pulgar de la mano derecha hago sonar la cuerda y  compruebo que se aproxima a la nota que se quiere conseguir (sol).

Finalmente la guitarra tiene sus seis cuerdas en armonía y puedo proseguir en la realización del acorde.

De esta manera, vuelvo a agarrar con confianza mi guitarra por su mástil y con mi dedo índice de la mano izquierda realizo lo que se denomina cejilla. Una cejilla consiste en presionar todas las cuerdas con un solo dedo, es muy importante que se presionen bien todas las cuerdas para que no haya sonidos mudos en el acorde.

Ayudando al dedo índice en la realización de la cejilla aparece en escena el dedo pulgar de mi mano izquierda, el cual se acomoda en el mástil por la parte posterior de este para permitir que la muñeca se incline hacia adelante y le permita al dedo índice abarcar todo el espacio del mástil. Así se consigue presionar correctamente todas las cuerdas.

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Colocación del dedo pulgar

El acorde que quiero conseguir en este caso es un Fa mayor, por tanto la cejilla se realizará  en el primer traste y se representará en mi tablatura como una columna de números colocados en todas las líneas a excepción de las líneas tres, cuatro y cinco, ya que esas líneas estarán ocupadas por la terminación del acorde.

Para terminar el acorde presiono con mi dedo corazón la tercera cuerda del segundo traste, con mi dedo meñique presiono la cuarta cuerda en el tercer traste y por último, presiono con el dedo anular la quinta cuerda del tercer traste. Al mismo tiempo que realizo este último paso continúo haciendo la cejilla en el primer traste y mantengo relajada pero firme mi muñeca. De no ser así me cansaría y no podría tocar dos acordes seguidos.

El acorde ya lo tengo conformado pero no puede sonar por sí solo, necesita un rasgueo. Para ello con mi mano izquierda agarro una púa de plástico, la cual la sujeto con la articulación de mi dedo índice para dotarla de flexibilidad y con la huella de mi dedo pulgar.

Una vez que tengo la púa en mi mano derecha la deslizo de arriba hacia abajo y la hago pasar por todas las cuerdas a la altura del hueco de la caja. Una vez realizado el rasgueo puedo sentir como mis oídos perciben un acorde limpio, suena un Fa.

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Colocación opcional de la púa

A través de esta descripción me doy cuenta de lo importante que es la práctica para realizar una tarea correctamente. Hay un dicho en karate que dice que “El Karate Do no consiste tan sólo en adquirir una cierta destreza, sino también en dominar el arte de ser un miembro de la sociedad bueno y honesto” (Gichin Funakoshi, 2007)

 Es imposible realizar el acorde de Fa perfectamente a la primera debido a que la muñeca izquierda no practicó el movimiento y por tanto no tiene la flexibilidad necesaria para hacer que el acorde suene limpio.

Atendiendo a lo que decía Funakoshi, si se realiza una tarea con rigor, con práctica,  no solo se consigue habilidad, estamos consiguiendo una mejora en la sociedad. Esto me da pie a seguir en mi explicación.

Si una tarea se realiza con una frecuencia diaria, estamos generando un sistema de trabajo disciplinario. Estudios en el University College de Londres demostraron que se necesitan 66 días para que se genere un hábito y poder mantenerlo durante años (Phillippa Lally et al 2010:1009), lo cual me explica que si se implanta una idea en una sociedad se puede generar un hábito que la mejorará, lo primordial es saber comunicar esa idea.

 

 

Bibliografía

Gichin Funakoshi, 2007. Autobiografía. Dojo ediciones

Phillippa Lally , Cornelia H. M. van Jaarsveld, Henry W. W. Potts, Jane Wardle, 2010. “Habit formation in the real world”.Volumen 40: 998-1009

“El tiempo es dinero”- Casa de María Langarita

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Mapa mental organizando los conceptos e ideas que me interesan de mayor a menor importancia en sentido horario. Este mapa sirve para sacar conclusiones partiendo de los propios intereses para el proyecto.

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¿La forma sigue a la función? como dice Peter Eisenman: “En cada caso, la creación de la forma es diferente y cobran relevancia aspectos distintos” (2011:69). En este caso se buscó una forma que se integre en el plano de la ciudad de Madrid, por tanto se trazaron ejes generados por las calles que cortan el volumen proyectado.

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Plano de la casa de María Langarita, en el cual se marcan las diferentes actividades que se desarrollarán: lectura, cocina, reuniones…

¿La forma sigue a la función?

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Numerosas teorías fueron enunciadas en el campo de la arquitectura, desde sus inicios la historia de esta se vio moldeada por diferentes posturas que abrieron importantes debates buscando una solución, ya sea la búsqueda de ciudades ideales[i] o la búsqueda de una relación matemática entre las medidas del hombre y la naturaleza como hizo Le Corbusier con “Le modulor”.

Hoy en día la arquitectura continúa abriendo universos de preguntas. En este caso en concreto, se tratará sobre un tema que tuvo preocupado a los arquitectos durante todo el siglo XX y que hoy en día sigue latente. Un debate abierto tras la célebre frase del arquitecto Louis Sullivan: “form follows function[ii] (la forma sigue a la función).

Esta idea les carcome la cabeza a los arquitectos y les hace replantearse si la función es la clave para avanzar en sus proyectos.

Ante tal preocupación surgen dos bandos, por un lado están los que defienden la palabra de Sullivan y a la hora de proyectar son fieles a la función y por otro lado existen arquitectos opinando que la forma no depende estrictamente de la función. Los primeros se identifican más con el postmodernismo y los segundos con el deconstructivismo.

Encabezando el bando teórico postmodernista encontramos al arquitecto Frank Ching, el cual explica que la forma está al servicio de la función que desempeñará la edificación,Los programas de necesidades de los edificios abarcan un amplio campo dentro de su lógica diversidad y complejidad. Sus formas y sus espacios deben acusar la jerarquía intrínseca de las funciones que acogen en su interior, de los usuarios a quienes presta servicio, de los objetivos o significaciones que transmiten y del panorama o contexto a los que se destinan”[iii].

Ching advierte que esa forma de proyectar no será posible si no se analizan antes los factores que caracterizan a la función, nos dice que los espacios  que componen un edificio se conectan y organizan con las formas siguiendo un programa (función): “ Estos principios de ordenación se analizan a partir del reconocimiento de la diversidad y complejidad natural, de la jerarquía del programa y de la esencia de las edificaciones (…)El orden carente de diversidad puede desembocar en monotonía y hastío; la diversidad sin orden puede producir el caos.”[iv]

Oponiéndose a la postura postmodernista, aparece otra encabezada por el pionero del deconstructivismo Peter Eisenman.

Eisenman argumenta que a la hora de proyectar hay numerosos factores que delimitan la forma “En cada caso, la creación de la forma es diferente y cobran relevancia aspectos distintos. Lo que está claro es que si el autor no es responsable de la forma, entonces debe haber otro elemento que se encargue de ello”[v], por tanto renuncia a la idea de que la forma depende estrictamente de la función y lo explica mostrando casos prácticos” (…) En Santiago existían muchos factores, entre los cuales destacaba el emplazamiento.”[vi] Haciendo referencia a su proyecto de “Cidade da cultura de Galicia” en la ciudad de Santiago de Compostela.

Por último explica que no se debe utilizar a la función como instrumento único y excepcional para la forma del proyecto, por tanto coloca a la función en segundo plano junto a muchos otros factores que componen la forma según él: “(…) lo que estoy tratando de descubrir es de qué se trata, de cuáles son las condiciones secundarias, es decir, de todo lo que no es primario como la imagen, la función (…)”[vii]

Una vez vistas las dos posturas se pueden sacar conclusiones. Por un lado Frank Ching le da total prioridad a la función, según él es la base para determinar la forma ya que en definitiva, el edificio va a tener un uso.

Por otro lado Peter Eisenman aclara que la forma depende de muchos factores que se presentan de forma diferente en cada proyecto y que de esta manera la función pierde protagonismo poniéndose al nivel de un factor más a tener en cuenta.

En conclusión, se puede dar por hecho que el diseño de un proyecto depende de muchos factores pero ante todos esos factores habría que destacar la función, entendiéndola como pieza clave para la organización del espacio.


[i]  L’idea de dell architecttura universale, citado en Manierismo y arquitectura moderna y otros ensayos, Colin Rowe 1999: 210

[ii] Louis Sullivan, 1896. “The Tall Office Building Artistically Considered“, citado en http://architecture.about.com/od/greatarchitects/p/sullivan.htm

[iii] F. Ching, 1989: 332 Arquitectura: forma, espacio y orden, Lugar de publicación: México, GG/México

[iv] Ibídem, pág. 332

[v] Carolina del Olmo, 2011: 69. Arquitectura Postmetafísica. Minerva. Artículo nº 17: 68-72 http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=481

[vi] Ibídem, pág. 69

[vii] Chiara Visentin, 2012. Peter Eisenman entrevistado por Chiara Visentin. LAARQUITECTURA.http://laarquitectura.blogspot.com.es/2012/03/peter-eisenman-entrevistado-por-chiara.html